" El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso, sin desesperarse."

sábado, 12 de junio de 2010

Copiar, pegar, plagiar

Por Hernán Maglione / La Capital

La economía del siglo XXI es una máquina generadora de plagios. Escrita así, sin comillas y con mi firma allá arriba, la sentencia es un descarado plagio a Roger Cohen, periodista de The New York Times que en una de sus columnas se dedicó al caso de Helene Hegemann, una adolescente alemana que publicó un éxito de ventas llamado "Axolotl roadkill". Resulta que parte del libro en cuestión está copiado de "Strobo", novela escrita por un bloguero llamado Airen. La plagiadora se defendió argumentando que "la autenticidad no existe, sólo la sinceridad. Yo me sirvo de todo lo que me inspira y de las cosas que me estimulan". Toda una declaración de principios de la Generación 2.0.

Internet es el reino del copy-paste: copiar de allá, pegar aquí, y lo tuyo es mío en nombre de la sociedad de la información. No parece una tarea muy complicada atribuir el mérito al autor, pero son pocos los que se toman esa "molestia" a la hora de difundir un idea. Por eso, si bien la web se convirtió en la gran biblioteca universal, cada vez es más difícil encontrarse con un dato cierto, una cita real, una "verdad" escrita por su autor original. Lo que algunos no entienden es que, por estos días, es tan fácil copiar y pegar como encontrar a un plagiador.
"Ser periodista es hablar y escribir la verdad", escribió en su blog Guillermo Reyna Allan, a quien sólo conozco porque plagió una de mis columnas para la editorial de un diario online misionero. Sólo necesité un par de minutos en Google para encontrar esa misma cita en varios blogs, acertadamente atribuida a su autor.

Por supuesto, ejemplos hay de sobra. El nombre del diputado tucumano Gerónimo Vargas Aignasse no se hizo conocido gracias a su labor parlamentaria sino a su hábito de copiar textos de internet para incorporarlos a proyectos de ley de su autoría. Lo más curioso es que propuso endurecer las penas a quienes cometan plagio "al no citar la fuente original de la información incluyendo la idea, párrafo o frase dentro del documento sin comillas o sin indicar explícitamente su origen", fundamento copiado íntegramente de Wikipedia. De sancionarse el proyecto, Vargas Aignasse debería ser "reprimido con prisión de tres a ocho años", tal como él mismo propone.

No resulta extraño entonces que este recurso de copiar y pegar que se multiplica desvergonzadamente en blogs y redes sociales, también se haya instalado en los medios de comunicación. "La resignación a la red como única fuente conlleva a la larga a la pérdida de calidad informativa por falta de enriquecimiento por nuevas fuentes" es una sentencia que me resulta tan cierta como ajena, ya que no me pertenece, sino que es del periodista y docente Washington Uranga.

A propósito de este asunto de los derechos de autor, en internet se popularizó una práctica muy saludable: es habitual encontrar en blogs o fotologs un sellito con la sigla CC. Se trata de Creative Commons, un grupo de licencias que permiten hacer uso de videos, textos, canciones, libros, sitios web o fotografías, siempre que se consigne el nombre del autor. De esta manera, el creador de una obra permite que esta sea copiada, distribuida, exhibida y ejecutada, aunque (por ejemplo) sin autorizar su uso comercial. O permite crear una nueva obra a partir de la original, o distribuirla sin alterarla y bajo la misma licencia Creative Commons. Desde 2005 que estas licencias están adaptadas a la legislación argentina.

Desde ya, en la web seguirán existiendo eternamente aquellos que "toman prestado" un texto o una imagen sin mencionar la fuente original. No estaría mal que se tomen la molestia de mencionar a quien dedicó tiempo y trabajo en subir sus ideas o su producción a internet. No cuesta nada.

No hay comentarios.:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...