" El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso, sin desesperarse."

miércoles, 27 de octubre de 2010

Pacha abuela


Mapa genético de la población argentina

Un estudio realizado por expertos de la UBA afirma que el 56% de los argentinos tiene antepasados indígenas. Lo determinaron mediante análisis genéticos. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro.

Este estudio fue realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", dijo Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras.

Esta información apareció publicada en el diario Clarín el pasado domingo 16 de enero y cuenta que a partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir reconstruyendo la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina.

El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones.

Los investigadores argentinos, utilizaron un método que se aplica desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo.

En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. "De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo", dice Corach.

Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%).

La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo.

La sorpresa para Corach se explica así: "Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo".

Este descubrimiento rebela cuánto hay de mito o de historia escrita por la cultura dominante que en libros, información turística, enciclopedias todavía se afirma que más del 85% de la población argentina es de origen europeo.

Datos importantes para reflexionar y saber de dónde venimos.

sábado, 12 de junio de 2010

Copiar, pegar, plagiar

Por Hernán Maglione / La Capital

La economía del siglo XXI es una máquina generadora de plagios. Escrita así, sin comillas y con mi firma allá arriba, la sentencia es un descarado plagio a Roger Cohen, periodista de The New York Times que en una de sus columnas se dedicó al caso de Helene Hegemann, una adolescente alemana que publicó un éxito de ventas llamado "Axolotl roadkill". Resulta que parte del libro en cuestión está copiado de "Strobo", novela escrita por un bloguero llamado Airen. La plagiadora se defendió argumentando que "la autenticidad no existe, sólo la sinceridad. Yo me sirvo de todo lo que me inspira y de las cosas que me estimulan". Toda una declaración de principios de la Generación 2.0.

Internet es el reino del copy-paste: copiar de allá, pegar aquí, y lo tuyo es mío en nombre de la sociedad de la información. No parece una tarea muy complicada atribuir el mérito al autor, pero son pocos los que se toman esa "molestia" a la hora de difundir un idea. Por eso, si bien la web se convirtió en la gran biblioteca universal, cada vez es más difícil encontrarse con un dato cierto, una cita real, una "verdad" escrita por su autor original. Lo que algunos no entienden es que, por estos días, es tan fácil copiar y pegar como encontrar a un plagiador.
"Ser periodista es hablar y escribir la verdad", escribió en su blog Guillermo Reyna Allan, a quien sólo conozco porque plagió una de mis columnas para la editorial de un diario online misionero. Sólo necesité un par de minutos en Google para encontrar esa misma cita en varios blogs, acertadamente atribuida a su autor.

Por supuesto, ejemplos hay de sobra. El nombre del diputado tucumano Gerónimo Vargas Aignasse no se hizo conocido gracias a su labor parlamentaria sino a su hábito de copiar textos de internet para incorporarlos a proyectos de ley de su autoría. Lo más curioso es que propuso endurecer las penas a quienes cometan plagio "al no citar la fuente original de la información incluyendo la idea, párrafo o frase dentro del documento sin comillas o sin indicar explícitamente su origen", fundamento copiado íntegramente de Wikipedia. De sancionarse el proyecto, Vargas Aignasse debería ser "reprimido con prisión de tres a ocho años", tal como él mismo propone.

No resulta extraño entonces que este recurso de copiar y pegar que se multiplica desvergonzadamente en blogs y redes sociales, también se haya instalado en los medios de comunicación. "La resignación a la red como única fuente conlleva a la larga a la pérdida de calidad informativa por falta de enriquecimiento por nuevas fuentes" es una sentencia que me resulta tan cierta como ajena, ya que no me pertenece, sino que es del periodista y docente Washington Uranga.

A propósito de este asunto de los derechos de autor, en internet se popularizó una práctica muy saludable: es habitual encontrar en blogs o fotologs un sellito con la sigla CC. Se trata de Creative Commons, un grupo de licencias que permiten hacer uso de videos, textos, canciones, libros, sitios web o fotografías, siempre que se consigne el nombre del autor. De esta manera, el creador de una obra permite que esta sea copiada, distribuida, exhibida y ejecutada, aunque (por ejemplo) sin autorizar su uso comercial. O permite crear una nueva obra a partir de la original, o distribuirla sin alterarla y bajo la misma licencia Creative Commons. Desde 2005 que estas licencias están adaptadas a la legislación argentina.

Desde ya, en la web seguirán existiendo eternamente aquellos que "toman prestado" un texto o una imagen sin mencionar la fuente original. No estaría mal que se tomen la molestia de mencionar a quien dedicó tiempo y trabajo en subir sus ideas o su producción a internet. No cuesta nada.

miércoles, 2 de junio de 2010

Manera de hablar. Un blog sobre oratoria



Si estás en busca de consejos informativos y de entretenimiento para mejorar sus habilidades para hablar en público, ha venido al lugar correcto. ¡Echa un vistazo alrededor y disfrutar de su estancia.

http://mannerofspeaking.org/
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...